1era guerra copto - musulmana 1081 - 1086

A inicios de los 80 una nueva era aparece en la región africana del Este. Pueblos pacíficos se vuelven el teatro de guerras y muerte por poseción de territorios.
Preparativos militaristas de Zeila.
Batallas
Tratado de Paz
Actualidades del Reino de Zeila 1085 - 1089
Reino de Zeila(Islam Sunní Marítima Nación Abierta)
Zayed, Rey de Zeila
Diplomacia:
En el nombre de Allah, el clemente y misericordioso.
El final del año 1085 de la era vulgar había dejado al reino de Zeila en una situación desesperada. El ataque brutal realizado por los seguidores del Crucificado a la región de Zeila casi había acabado con todo el ejército del modesto reino africano, y el Rey Zayed sabía que una nueva invasión podría destruir para siempre toda la capacidad de resistencia de su pueblo.
Fueron tiempos difíciles en los territorios del reino. Los emisarios enviados por el Nilo hacia el mar fueron numerosos, con la esperanza de Zayed puesta en la supervivencia de alguno de ellos: esperaba el Rey que las poderosas naciones islámicas del norte estarían dispuestas a reaccionar en favor de Zeila si conocían las circunstancias terribles en que vivían bajo la amenaza de Funj. Quizá una llamada al socorro de sus hermanos musulmanes podría darle esa oportunidad que tanto necesitaban.
Pero el rey Zayed era un hombre previsor; no aguardaría una reacción islámica dejando de lado la puesta a punto de las defensas de Zeila. Las inversiones realizadas a lo largo del tiempo en las estructuras básicas de gobierno probaron su eficacia durante esos años de finales de la década de los ochenta: la afinada burocracia permitió que la sincronización entre los diferentes estamentos mejorase notablemente; los recursos se distribuyeron de forma más efectiva, permitiendo que las muchas fortificaciones que formaron la nueva línea defensiva en la región de Zeila se levantaran con inesperada rapidez. También el reclutamiento de nuevas tropas se realizó con limpieza y excelentes resultados: en Marzo de 1086 el ejército Real volvía a ser fuerte.
Las noticias que hablaban acerca de las reacciones que la invasión de Zeila por parte de Funj había despertado en las naciones islámicas del norte llegaron a la capital en Junio del mismo año 86. Según contaban los emisarios recién desembarcados provenientes del Cairo, el propio Gran Califa había advertido al rey de Funj de las reacciones que una nueva invasión del territorio de Zeila desencadenarían en contra del gran reino cristiano del sur. Meses después, llegó a hablarse en el puerto de Zeilania de que Funj había involucrado en la crisis al Patriarca cristiano de Roma (ver NF de Funj). Tal vez todo aquello fuera cierto, tal vez no. Tal vez la intervención del Califa de los fatimíes resultara clave en la determinación del Rey de Funj de buscar una vía de acuerdo pacífica y negociada, o tal vez aquella decisión del rey cristiano hubiera sido tomada con anterioridad a las advertencias de los correligionarios de Zeila. Tal vez jamás se sabría con certeza.
Pero lo cierto es que, tras el caluroso verano del año 1086 y la finalización de la terrible plaga de langostas que asoló los campos de Funj, una delegación del rey Zayed fue enviada hasta la ciudad de Kamey para firmar un tratado con el poderoso reino vecino; acuerdo en virtud del cual se firmaba la paz tras la renuncia incondicional por parte de Zeila de toda pretensión futura sobre la región de Danakil y la ciudad portuaria de Kamey.
Sólo el Señor del Universo sabía si aquel acuerdo era o no suficiente garante para alcanzar una paz duradera. El tiempo diría, pensaba el Rey Zayed deseando que aquella tregua fuese al fin definitiva.
Al-hamdu Al-illah.
Actualidades del Reino Copto de Funj 1085 - 1089

El Reino Copto de Funj y la gran victoria cristiana
(Cristianos Coptos Civilizado Nación Abierta)
Bartolomé I, Rey.
Diplomacia: Kamey (+8Yfc)
Tras los avances realizados durante los últimos años por los ejércitos del reino, en el año nuevo del año del Señor de 1086 el anciano Rey Bartolomé I confiaba en poder cerrar la conquista de la vecina Zeila en pocos meses.
El aparato militar del poderoso reino cristiano de África se fortaleció enormemente durante aquellos primeros meses de año 1086 de la era de Nuestro Señor: grandes inversiones en afinar la eficacia del arma de Caballería y la adquisición y entrenamiento de miles de caballos junto a sus pertrechos completos, las levas masivas y el reclutamiento de jóvenes de buenas familias para ingresar en el ejército en concepto de oficiales junto con animales de su propiedad fortalecieron aún más la capacidad ofensiva de Funj.
Pero las malas noticias no se hicieron esperar; varios emisarios de Zeila fueron capturados navegando el Nilo en dirección a las fronteras del norte. Nadie podía determinar cuántos emisarios habían iniciado viaje, pero parecía posible que más de uno hubiera superado la vigilancia en el gran río. El mensaje de socorro que portaban hacia el Gran Califa de los fatimís preocupó al Rey profundamente (ver NF de Zeila). Sin perder tiempo, a sabiendas de que el califato era un enemigo con el que no podían jugar, el Rey se encerró en su palacio de Adefa y dedicó todo su tiempo y atención a los asuntos internos del reino, mientras dejaba las labores de coordinación militar y atención al exterior a su hijo y heredero, el Príncipe Tomás.
Gran parte de los recursos internos se destinaron al levantamiento de fuertes defensas en las fronteras del norte. Una línea de fortificaciones, atalayas, torres menores de vigilancia y campamentos amurallados se trazó a lo largo de las regiones cercanas al califato, y tanto el Príncipe Bartolomé como el Gran Señor de Kassala fueron enviados al mando cada uno de un ejército a ocupar y mantener la nueva línea defensiva.
La terrible advertencia del Gran Califa no tardó en llegar. Si los ejércitos coptos atacaban Zeila, el Califato Fatimí tomaría tal acto como una acción contra la fe islámica y contraatacaría de inmediato con todas sus armas. Bartolomé I, quien esperaba algo así tras la detención de los emisarios musulmanes a inicios del año del Señor de 1086, ya se había reunido repetidas veces con el Patriarca de Funj, Pedro II. Tales encuentros se intensificaron durante semanas.
Sabían ambos que el Sumo Pontífice de Roma era de la opinión de que todos los cristianos eran y debían ser hermanos en la fe. El contacto con el Patriarca de Roma había sido fluido y cercano en los últimos tiempos, y quizá era momento de probar la sinceridad de aquellas opiniones conciliadoras y el alcance de las mismas. En la soledad de África, en aquel mundo peligroso rodeados de vecinos hostiles, una situación desesperada parecía exigir una medida igualmente desesperada: ambos grandes mandatarios decidieron de común acuerdo solicitar el auxilio en la crisis del Papa Severo III.
El Príncipe Tomás, mientras tanto, al conocer las noticias que hablaban de las amenazas del Califa, ordenó la inmediata retirada de las tropas de la región de Zeila, replegándose a Danakil con la intención de defenderla o utilizar la zona como punto de partida en caso de su padre ordenase una nueva invasión. Envió mensajeros a la capital del reino vecino, Zeilania, en los que se solicitaba el envío de una comitiva oficial con la que se discutirían los términos de un posible acuerdo de paz. Mientras esperaba noticias, y tras enviar correo a su padre el Rey con las novedades, el heredero decidió reunirse a diario con los nobles de la ciudad de Kamey con el fin de mejorar sus relaciones con el reino, siendo auxiliado en tal labor por el general Bernabé.
Los esfuerzos conciliadores del heredero en Kamey lograron buenos resultados en un momento en que todo parecía torcerse para el reino de Funj: en Junio del año del Señor de 1086, una espantosa nube viva de pulsante movimiento fue vista por un campesino en las faldas de las montañas de la región de Sennar. Las primeras langostas llegaron a los campos de cultivo cercanos a Adefa a la caída de la noche del quince de Junio, y cuando abandonaron la región habían dejado a su paso un páramo desolado. Desde aquella noche y hasta finales de Agosto del mismo año, la terrible plaga de langostas en forma de nube creciente se movió a lo largo y ancho del territorio de Funj, destruyendo gran parte de las cosechas y dejando impracticables por mucho tiempo numerosos campos antaño fértiles.
Las noticias llegadas desde Roma en las que se confirmaba el apoyo y la ayuda del Sumo Pontífice en caso de ataque a Funj por parte del infiel Fatimí no variaron la dirección del rumbo que había determinado el Príncipe Tomás en relación al conflicto con Zeila. Ni él, ni su majestad el Rey Bartolomé I, aun cuando contasen con el auxilio de los cristianos europeos, tenían el menor interés por iniciar una guerra con el Califato de la cuál su reino jamás podría salir bien parado. El acuerdo firmado con la delegación de Zeila en la ciudad de Kamey puso fin al conflicto con el reconocimiento por parte de Zeila de las nuevas fronteras con Funj, incluyendo el cese de sus pretensiones sobre la región de Danakil y la ciudad portuaria de Kamey.
A su avanzada edad, no confiaba el buen rey Bartolomé en ver la llegada de muchos más Años Nuevos. Pero al menos esperaba haber alcanzado en el ocaso de su vida la estabilidad de las fronteras con su vecino del sur, además de contar con la seguridad de haber dejado para el reino al mejor de los herederos posibles: su hijo, el Príncipe Tomás.
Si Funj necesitaba crecer, tendría que hacerlo otro Rey.
Y muy probablemente en otra dirección.












